martes, 14 de julio de 2015

LA MEDICINA ANDINA

El binomio del médico andino y su concepción de medicina es inseparable, el primero encarna o visualiza en sí una concepción de medicina donde nada es estrecho y corto, sino amplio y profundo, donde nada es inmanente, sino trascendente. La práctica y teoría de la medicina andina son desalienantes y desenajenantes donde ni el paciente ni el médico pierden realmente su identidad intrínseca y donde ambos saben y conocen que pueden encontrar el “equilibrio” a partir del “desequilibrio”.


En la medicina andina no hay nada aislado, todo está en movimiento, en constante cambio, en relación e interacción. Una medicina así, realiza una práctica inmediatista que por su naturaleza es inmanente, que considera al hombre un “Todo por sí mismo”, aislándolo del auténtico marco donde el Todo o la globalidad palpita, y se vincula o relaciona al hombre, aunque éste no quiera reconocerlo. La práctica de la medicina andina es trascendente no por autodenominación, sino por praxis y teoría. En cambio, otras prácticas médicas son unilaterales en tanto no ven el conjunto, su interacción en el todo y son inmanentes en tanto por su inmediatismo y coyuntura no ven más allá o no transcienden al reconocimiento y vivencia de una realidad innegable en la cual nacimos, “vivimos” y “dejamos de existir” en tanto esa realidad es el lugar de donde venimos, en donde estamos y a donde volvemos.