LA
MEDICINA ANDINA
El
binomio del médico andino y su concepción de medicina es inseparable, el
primero encarna o visualiza en sí una concepción de medicina donde nada es
estrecho y corto, sino amplio y profundo, donde nada es inmanente, sino
trascendente. La práctica y teoría de la medicina andina son
desalienantes y desenajenantes donde ni el paciente ni el médico pierden
realmente su identidad intrínseca y donde ambos saben y conocen que pueden
encontrar el “equilibrio” a partir del “desequilibrio”.
En la medicina andina no hay nada aislado, todo está en
movimiento, en constante cambio, en relación e interacción. Una medicina así,
realiza una práctica inmediatista que por su naturaleza es inmanente, que
considera al hombre un “Todo por sí mismo”, aislándolo del auténtico marco
donde el Todo o la globalidad palpita, y se vincula o relaciona al hombre,
aunque éste no quiera reconocerlo. La práctica de la medicina andina es
trascendente no por autodenominación, sino por praxis y teoría. En cambio,
otras prácticas médicas son unilaterales en tanto no ven el conjunto, su
interacción en el todo y son inmanentes en tanto por su inmediatismo y
coyuntura no ven más allá o no transcienden al reconocimiento y vivencia de una
realidad innegable en la cual nacimos, “vivimos” y “dejamos de existir” en
tanto esa realidad es el lugar de donde venimos, en donde estamos y a donde
volvemos.
